martes, 10 de julio de 2012

BELLA Y TRISTE HISTORIA



Como una flor marchita, ajada por el tiempo,
tiene el cabello blanco y el caminar sereno.
Los suspiros del alma la dejan sin aliento,
y el corazón le sangra cuando evoca recuerdos.

Era joven, muy joven, con ojos como espejos,
tez sedosa y rosada y muy negro el cabello.
Era lo que se dice una mujer de ensueño,
de esas que todas miran con envidia y recelo.

Conquistó el corazón de un galán muy apuesto,
que le hizo promesas de amor noble y sincero.
Ella quedó prendada de tanto galanteo,
y se entregó sin dudas a todos sus deseos.
La poseyó una noche, bajo el manto del cielo,
la luna y las estrellas fueron testigos de ello.

Esa unión dió su fruto, el fruto del deseo,
el fruto que gestaba al calor de su seno.
Ella estaba feliz, pues siempre fué su anhelo
ser algún día madre y ahora, iba a serlo.

Pero nunca la dicha llega de forma clara,
siempre lleva consigo un cuchillo de plata.
Un cuchillo que corta la ilusión en tajadas, 
y te parte la vida, y te destroza el alma.

Ella tuvo a su hijo, pero él, ya no estaba,
su lugar era otro, su mujer y su casa.
Rota por el dolor, solo se preguntaba :
"¿ por que dijo te quiero si ya tenía amada?"

La sombra de la duda muy cerca planeaba,
"¿como cuido a mi niño, si yo no tengo nada ?"

Envolvió en una manta al ser de sus entrañas,
y escribió cuatro letras con desgarro en el alma:
" Aquí dejo mi vida, me voy con mi dolor,
decidle que su madre siempre, siempre lo amó."

Y lo dejó a las puertas de una linda casa,
mientras ella se iba sin volver la mirada

Jamás se ha perdonado la decisión que un día,
marcara su destino el resto de su vida.

Paulina Simoes López.

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